A veces nos han fallado y han organizado su cumpleaños en su casa de Manotas, pero el genuino es el que celebran en un chalet familiar en Alpedrete, supersetentero, con algunos de los elementos decorativos más bizarros que jamás he visto, como el bote de talco de los sesenta o el cristo de tamaño natural que preside la alcoba matrimonial. Siempre nos lo pasamos genial, en ese porche tan fresquito, oyendo música, bebiendo sin parar y comiendo todas las miles de viandas que los Nometxus nos preparan. Siempre hay varios highlights, como la piñata que siempre cuelgan pero nunca funciona (y de la que han eliminado, los muy bastardos, todos los instrumentos que hacían ruido, con los que les torturábamos durante horas), la histeria de la anfitriona para que nos comamos todo o por recoger constantemente, quedarnos a dormir porque estamos demasiado mamados o la falta de alguna bebida siempre (en este caso, mi amada y adictiva coca cola zero).
Este año, el nivel de borrachera y drogadicción ha sido más alta todavía que de costumbre, de manera que pude observar, desde mi abstemia posición, a mis amigos perdiendo los papeles: J. torturándonos con sus momentos dj, E. contando a todo el mundo como nos conocimos A. y yo a voz en grito, B. comprando una Thermomix a un amigo de L. (verídico) o T. contando chistes de vascos.
Tras este intenso día, tuvimos más celebraciones familiares, así que cuando llegó el lunes, necesitaba volver a mi rutina diaria: no hacer nada. O más bien, hacer todo lo que no puedo hacer cuando estoy trabajando. He comenzado a leer La maravillosa vida breve de Óscar Wao, de Junot Díaz, que lo pusieron muy bien en muchas revistas modernas y no tan modernas. La verdad es que me está encantando, la vida de Óscar, un gordo y friki chico dominicano en Nueva Jersey, que le gustaría ser un chulo y un rompebragas como sus compatriotas, pero que le puede la obesidad y el gusto por la literatura "de género"y, sobre todo, la vida de su familia, especialmente la de su madre, ¡esa madre!

También todos los días juego un poquito al Mario Kart, en la wii, con la secreta esperanza de dejar de ser el paquete más grande en ese puñetero juego. No sé qué tiene, pero es un enganche el que sufro que no os podéis imaginar. Voy consiguiendo mejoras, pero luego juego con A. y me deja siempre atrás, quedando el primero y yo el séptimo o el octavo, absolutamente avergonzado de mi inutilidad. Por mucho que cuando juego solo, voy consiguiendo mis podios, es ponerme a jugar en grupo, y cagarla constantemente. Lo bueno es que el juego sirve para desahogarme, puesto que blasfemo, grito, maldigo a los personajes de Mario, les llamo hijos de Wario a todos, y me prometo no volver a jugar. Pero cuando acabo me digo a mí mismo "¿una más?".

Aunque parezca mentira, sobre todo para los que me conocéis, últimamente procuro no poner la tele, y la tengo apagadita, aprovechando para escuchar discos nuevos y todos los antiguos que he ido almacenando durante años de coleccionismo compulsivo. Pero hay algo que no puedo dejar de ver, aunque sea un ratito nada más, todos los días. Lo confieso, estoy avergonzado, pero lo tengo que decir: veo Sálvame.
Odio a Jorge Javier Vázquez, me parece una maricona chusca, acomplejada, mal follada y patética, pero sabe conducir estos programas mejor que nadie. Sabe hacer un show de lo que es simplemente mierda, no como Jesús Vázquez que, por mucho que diga la gente, es un babas gritón que no convierte sus programas en buenos, como dicen, sino que siguen siendo igual de malos. JJ, en cambio, ha conseguido que esa fórmula que la malvada más grande que ha habido en la tele, Gema García, llevó a los más altos niveles, se haya visto rejuvenecida.
Sí, el programa es una basura, pero se ha convertido en mi guilty pleasure del verano. ¿Qué puedo hacer en esas horas de tanto calor? ¿Ir al gimnasio? ¿pasear? Sabéis que no. Uno se pone en el sofá, con su ventilador delante, una coke zero bien fresquita, y a disfrutar de los mismos temas y los mismos gritos todos los días, con una Belén Esteban fuera de sí (Arriba San Blas!!!, si es que el barrio ha dado grandes cosas: la Esteban, el astronauta ese delgaducho, D. y yo...), y con unos personajes invitados que ya no son ni clase z, están fuera de toda categoría.

Bueno, pero me perdonaréis que solo son unos minutos los que gasto con estos, el resto del tiempo, estoy viendo series, leyendo libros o cómics atrasados, dejando mi casa limpita, o yendo a comprar constantemente a las rebajas, o escuchando musiquita buena. Son muchos los discos que llevamos comprados últimamente, y hoy os voy a recomendar dos, uno español y otro de Extrangia, como decía mi abuela.
El español es el disco de Mendetz, "Souvenir". Este grupo de chicos tan majetes, han hecho un disco a imitación de Daft Punk y les ha quedado de lo más cuco y resultón. Es ideal para andar por casa haciendo tus tareas o para ir por la calle a trabajar o a pasear. Veraniego, fresquito y muy bailongo.
El extranjero es, curiosamente, el de Lilly Allen. A mí esta borrachuza chav inglesa me tiraba muy para atrás, pero me he rendido a sus pies. Su segundo disco, "It's not me, it's you" (el título es ya genial), me ha sorprendido gratamente, porque está lleno de hitazos y porque encima están todos muy muy bien, nada rollo comercialote barato. Para muestra, un botón. Os dejo con el vídeo más encantador de la temporada, "Not fair", donde Lily es la invitada especial en un programa de country americano de los años 70. Atención a las coreografías de las coristas. ¡¡¡Quiero aprenderme todas!!!
http://www.youtube.com/watch?v=5Qa28ZrHPcc
http://www.youtube.com/watch?v=5Qa28ZrHPcc


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